Mipymes son más, pero generan menos empleos en la formalidad

Mipymes son más, pero generan menos empleos en la formalidad

Las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) tienen una determinante participación en la generación de empleos, no sólo directos, sino también indirectos, con mayor incidencia en las actividades informales.

De hecho, aunque las Mipymes son mayoría en cantidad, representando un 79.5% las microempresas, 16% las pequeñas y 2.8% las medianas, para el conjunto significar un 98.4% de las unidades productivas y de servicios registradas, su aporte en empleos formales sólo equivale al 38.3% del mercado laboral.

Esto indica que las empresas calificadas como “grandes”, aunque solo son el 1.6% de las unidades productivas registradas, aportan el 61.7% de los empleos formales, de acuerdo con las estadísticas de la Tesorería de la Seguridad Social (TSS) cerradas a mayo de este año.

Pero el hecho de que en términos porcentuales las mipymes no sean las que más empleos formales aportan a la economía, en términos absolutos implica la cantidad de 828,209 empleos, aun con los efectos de la pandemia del covid-19, que las ha obligado a cerrar o reducir parcialmente sus actividades productivas.

Otra limitación de las mipymes en la formalidad laboral se debe a los costos que les implica mantener registrados a sus empleados, ya que, además del salario que les pagan, deben reservar en promedio 14% adicional para la cotización a la seguridad social, así como el 1% para el Instituto de Formación Técnico Profesional (Infotep), es decir, un 15% más del sueldo, sin contar el pago del doble sueldo de Navidad, las vacaciones y la reserva de los derechos de preaviso y cesantía, en caso de que prescindan del servicio de uno de sus colaboradores.

Se puede decir que esos costos también pesan sobre las grandes empresas, pero les resulta más cómodo, si se toma en cuenta que por su tamaño producen a mayor escala y obtienen mucho más altos niveles de rentabilidad.

En la informalidad
Pero, si bien las mipymes no son mayoría en generación de empleos formales, en la informalidad representan prácticamente la totalidad de los puestos de trabajo. La razón es simple, no es posible ser una empresa grande y a la vez ser informal. El crecimiento de una unidad productiva la obliga a formalizarse.

Entonces, si una empresa es informal, por lógica se asume que es micro o pequeña, tal vez mediana, aunque ya en esa condición también se presiona hacia la formalización de sus actividades.

Las estadísticas oficiales indican que la clase trabajadora es mayoría en la informalidad, respecto a la formalidad, lo que deja por sentado que las micro y pequeñas empresas son las mayores generadoras de empleos no formales, una tendencia que siguió en crecimiento desde el pasado año, debido a que el cierre de las actividades económicas como consecuencia de la pandemia, provocó la pérdida de empleos formales, muchos de los cuales no se han recuperado y terminaron realizando actividades en la informalidad.

Esa es la razón por la que el desempleo formal se traduce en un aumento de la ocupación laboral informal.

Las cifras del Banco Central revelan que la informalidad laboral creció
En su más reciente informe, la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo (ENCFT), el Banco Central (BC) indica que al cierre de marzo de este año la cantidad de empleos activos es de 4,413,383, lo implica una reducción de 302,806 puestos, al compararlos con los 4,716,189 registrados a diciembre de 2019, antes del covid-19.

La formalidad empresarial implica costos y burocracia adicional que muchas Mipymes no pueden asumir.
Las cifras del BC destacan que antes de la pandemia, la fuerza laboral activa se dividía en aproximadamente 55% informal y 45% formal.

Sin embargo, tras la pérdida de más de 400,000 empleos formales durante la pandemia y la lenta recuperación de esos puestos de trabajo, una parte se quedó en la informalidad, por lo que la proporción en términos absolutos y relativos varió.

Para marzo de 2020 se habían perdido empleos formales, pues se iniciaba en ese mes la cuarentena para contener la pandemia. Desde ese mes a marzo de este año, la ENCFT contabiliza la pérdida de 192,491 empleos, entre formales e informales.

“Al analizar la distribución de la variación interanual en el nivel de ocupación obtenido a través de la ENCFT, segregada en formales o informales conforme tengan o no acceso a la seguridad social producto de su relación de trabajo, la reducción en el total de trabajadores se concentró principalmente en los formales, con 205,757 ocupados menos de enero-marzo 2020 a enero-marzo de 2021”, indica un análisis del BC.

Agrega que en el caso de los ocupados informales, se incrementaron en 13,265 trabajadores en igual período. “Con estos resultados, la proporción de ocupados formales en el mercado laboral dominicano se ubicó en 42.3% y la de los informales en 57.7%”, detalla el informe.

Lo anterior indica que la pérdida de empleos formales ha sido proporcionalmente mucho mayor que en la informalidad, con la desventaja de que la recuperación de esos puestos no siempre es igual y muchos trabajadores se quedan definitivamente como informales.

La reclasificación
En República Dominicana está vigente la Ley 187-17, que modificó a la Ley 488-08 sobre reclasificación de las empresas.

Mediante esta legislación, el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) tiene a su cargo la reclasificación de las empresas con base en su cantidad de empleos y sus niveles de ventas brutas. De esa forma, se determina que una empresa es mico, pequeña, mediana y grande. La misma legislación establece una indexación anual por los niveles de inflación, lo que hace que cada vez más empresas pasen a categoría de medianas o de pequeñas, cuando se realiza la indexación.

Por ejemplo, en 2017 una empresa grande era aquella que contaba con más de 150 empleados y ventas brutas que superaran los RD$202 millones anuales. El pasado mes de febrero, el MICM realizó el ajuste por inflación, y ahora se considera grande a toda empresa con más de 150 empleados o ventas brutas anuales sobre los RD$230.5 millones.

Entonces, una empresa que hace un año tenía ventas brutas entre RD$202 millones y RD$230 millones era grande. Ahora, esa misma empresa, con los mismos niveles de ventas, califica como mediana.

Lo mismo ocurre con las empresas medianas, que se consideraban como tales cuando sus ventas brutas estuvieran entre RD$54 millones y RD$202 millones anuales. Ahora, con la indexación, es mediana la que tiene ventas brutas a partir de los RD$61 millones.

Lo anterior indica que las empresas que entre 2017 y 2020 vendían entre RD$54 millones y RD$61 millones, eran medianas, mientras que ahora, con el mismo nivel de ventas brutas, pasan a calificar como pequeñas.

Muchas empresas también pasaron a la categoría de medianas y pequeñas no solo por el ajuste de inflación a los niveles de ventas brutas anuales establecidos en la Ley 187-17 para su clasificación, sino, además, por el impacto de la crisis económica a raiz de la pandemia del covid-19.

Esto así, debido a que muchas empresas vieron reducirse sus ventas brutas de manera extraordinaria el año pasado cuando se estableció el cierre casi total de las actividades económicas. Esas empresas, que pudieran ser grandes o medianas pasaron a ser pequeñas o micro, de acuerdo con la pérdida de empleos y de ventas brutas durante el 2020.

La recuperación económica que se viene realizado desde este año, podría variar en parte la situación, aunque se mantiene la tendencia hacia una mayor inclusión de empresas en el renglón “Mipyme”.

No todas cotizan
El Banco Central informó que la desviación registrada entre la estimación de la ENCFT y los registros de la TSS sobre los empleos formales se debe a que los asalariados que fueron suspendidos y que transitoriamente no estaban cotizando a la seguridad social durante la pandemia, son clasificados como ocupados, conforme a los lineamientos de la Organización Internacional de Trabajo (OIT).

Esto así, porque esos trabajadores suspendidos se encontraban recibiendo transferencias y ayudas por parte del Gobierno en los programas especiales que se concibieron para mitigar los efectos de la pandemia.

Además, está el caso de que hay una cantidad de trabajadores formales, especialmente en instituciones descentralizadas del Estado, que no cotizan a la seguridad social a través de la TSS, debido a que tienen sus planes de proyección particulares.

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