EE.UU. empieza a retirarse de Siria

EE.UU. empieza a retirarse de Siria

Una decena de vehículos blindados, maquinaria de zapadores y camiones partieron anoche de una de las bases de Estados Unidos en Siria, la de Al Rumeilan, próxima a la frontera de Irak. El coronel Sean Ryan, nuevo portavoz de la coalición internacional contra el Estado Islámico en sustitución del dimitido Brett McGurk, confirmó esta mañana, en comunicados enviados a las agencias de noticias, que se trata del inicio de la retirada de tropas anunciada por Donald Trump. Ryan decía “ha comenzado el proceso de nuestra calculada retirada de Siria”, pero añadía que no dará ningún detalle sobre los tiempos, “las localizaciones ni los movimientos de tropas”. Los datos sobre la base de Al Rumeilan y el número aproximado de efectivos que han partido los ha suministrado el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

El jueves, horas antes del inicio de la retirada, hubo una reunión entre representantes de la coalición y de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en Ain Issa, localidad cercana a Raqqa. Las FDS, formadas en su mayoría por las milicias kurdas YPG, han controlado hasta ahora la región del Kurdistán sirio con apoyo de EE.UU. y tienen en Ain Issa parte de su estado mayor; es desde allí también que se administra la ciudad de Raqqa. Y el miércoles, el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, visitó al líder del Kurdistán iraquí, Masud Barzani.

El inicio de la retirada de tropas (unos 2.000 efectivos pero quizá más, en tanto los mercenarios y agentes de seguridad contratados no suelen figurar en los cómputos oficiales que ofrece Washington) se produce al cabo de varios días de declaraciones contradictorias por parte de Estados Unidos y de Turquía. El asesor de seguridad de Trump, John Bolton, y Mike Pompeo, por un lado, y el presidente turco Erdogan y su asesor Ibrahim Kalin por el otro sembraron la confusión sobre las intenciones de cada cual.

Mientras Erdogan se negaba a recibir a Bolton el pasado martes y afirmaba que su ejército, tanto si EE.UU. se retiraba como si no, irrumpiría al este del río Éufrates para hacer retroceder a las milicias kurdas, el asesor Ibrahim Kalin le decía a Bolton que tal cosa no iba a ocurrir. Según el Observatorio Sirio, las milicias kurdas han desplazado todos los refuerzos posibles a Manbij, que es donde se espera un hipotético ataque turco. Turquía ha insistido a EE.UU. en que los kurdos deben retirarse de Manbij. En previsión, Damasco envió un número limitado de tropas al sur del enclave a finales de diciembre.

La evacuación de material y personal estadounidense ha comenzado por el punto más lejano a la zona de conflicto. De la decena de bases estadounidenses conocidas en Siria, la de Al Rumeilan es la más oriental. Se trata, de todos modos, de un punto estratégico, vecino al Kurdistán iraquí. El tránsito de norteamericanos entre los dos kurdistanes es habitual. Al mismo tiempo, la base estadounidense está cerca de la ciudad siria de Qamishli, bajo administración kurda pero parte de la cual está en manos de las fuerzas de seguridad de Damasco, incluido el aeropuerto. En Al Rumeilan los norteamericanos disponen de un aeródromo. Este factor hace que no parezca muy probable una evacuación total de Al Rumeilan.

El Kremlin ha reaccionado con cierta ironía. La portavoz de Exteriores, Maria Zajarova, dijo que Washington no es serio y que “está buscando una razón para quedarse” en Siria. Para Moscú, una retirada norteamericana debe ser seguida por la ocupación de ese espacio por fuerzas del Gobierno sirio, y a este fin es importante el diálogo entre los kurdos y Damasco. Un diálogo que los rusos llevan un tiempo gestando con ayuda de otros actores, como Egipto.

En los últimos días han persistido los rumores que apuntan a una solución norteamericana un tanto rocambolesca. Parece confirmado que el pasado mes de mayo hubo una visita a Kobane -uno de los enclaves de la administración kurda de Siria- de militares de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, visita que se repitió en noviembre.

El objetivo habría sido explorar la posibilidad de aplicar la idea estadounidense de un control de la frontera siria, entre el río Éufrates y el Tigris, por una milicia árabe respaldada por los dos países del Golfo. El control sería quizás compartido con los llamados Peshmerga de Rojava, una milicia bajo control del Gobierno Regional del Kurdistán iraquí (GRK) que se ha enfrentado en ocasiones a las YPG de Siria, ya que consideran que su proyecto político para el Kurdistán sirio (Rojava) es demasiado de izquierdas.

En cuanto a la milicia árabe seleccionada, recibe el nombre de Kuat al Nujba o Fuerzas de Elite Sirias, y está reclutando efectivos. Dadas las buenas relaciones entre el KRG y Turquía, el plan debería satisfacer en teoría los intereses turcos. Otra cosa es que las YPG vayan a estar de acuerdo; de momento no.

El jefe de Kuat al Nujba es un viejo conocido: Ahmed el Jarba, que fue presidente de la Coalición Nacional Siria, la oposición en el exilio apoyada por Arabia Saudí y Qatar al principio de la guerra. El Jarba tiene ahora su propio partido, el Movimiento Mañana (Al Ghad), y parece el hombre adecuado para esta operación. Es natural de Qamishli, tiene un historial de negociador y sus vínculos familiares y tribales se extienden a Irak.

Según este plan, EE.UU. dejaría, en el largo plazo, el Kurdistán sirio en manos de los aliados árabes del Golfo, lo que sería una manera de retirarse impidiendo a la vez una mayor expansión de Irán en Siria si es el débil gobierno de Bashar el Asad el que vuelve a hacerse cargo de ese territorio. A Rusia tampoco le interesa que Irán –que ha invertido muchas fuerzas en la guerra siria– extienda aún más su influencia en la región.

Turquía, por su parte, está en buenas relaciones con Rusia e Irán y tiene sus propios intereses, que no coinciden con el plan norteamericano. El pasado miércoles, el Kremlin anunció que se espera que Erdogan visite a Vladímir Putin próximamente. Al final, todo parece ser negociable.

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